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LA MANIPULACIÓN DE LOS MEDIOS ALTERNATIVOS

Nuestras mentes están siendo manipuladas. Manipuladas constantemente por los grandes medios de comunicación de masas y por las industrias del entretenimiento, que se encargan principalmente de moldear nuestra fantasía. Modelan a su antojo nuestra imaginación y nuestros deseos, nuestros impulsos y nuestros sueños. Pero si bien esto parece cada vez más evidente para un mayor número de gente, parece que muy pocos toman conciencia de otro tipo de manipulación mental de extrema importancia, que se producen con especial intensidad justo en estos momentos de crisis del Sistema. Se trata de un tipo de manipulación sutil y extremadamente hábil, orientada no a una inmensa mayoría de la población, sino a una selecta minoría: a Aquellos que pretenden ver más allá. Aquellos que pretenden ver lo que hay al otro lado del muro y están dispuestos a escalarlo.

Para ellos se han construido decorados de fantasía, con el fin de que cuando saquen la nariz por encima del muro, sigan sin observar la auténtica realidad y vean solamente una ficción, creada precisamente, por los mismos que levantaron ese muro.

Para esta minoría se han diseñado manipulaciones que no encontramos representadas en la televisión de masas, sino en la red de redes, en Internet.
Auténticas obras de ingeniería de guión, fantasiosos artefactos narrativos y argumentales hábilmente creados con la única intención de confundir y desorientar a aquellos que pretenden hallar la verdad que nos ocultan los medios de propaganda oficiales.

Se trata de fabulaciones fantasiosas e irreales que ocultan en sus entrañas verdades parciales que las legitiman, o bien certezas aparentemente indiscutibles, infectadas con el virus de la más malintencionada y absurda falsedad.

Esta es la triste realidad que inunda Internet en estos momentos. Ya no podemos confiar en la veracidad de nada ni de nadie. Solo en la perspicacia de nuestro propio criterio individual como única luz y guía de nuestro tránsito hacia la verdad.

Y es que todos aquellos que pretendemos encontrar la verdad, todos aquellos a los que de forma peyorativa se les califica de conspiracionistas o “conspiranoicos”, también estan siendo manipulados.

En estos momentos, la red está atestada de supuesta información secreta. De presuntas verdades ocultas que empiezan a salir a la luz. Y curiosamente, y a pesar de que nadie sabe exactamente de dónde ha salido toda esa información, todos tenemos acceso a ella fácilmente. Con una facilidad extremadamente sospechosa.
Así es como todo el mundo habla de Conspiraciones Ovni, Crop Circles, Profecías Mayas, Haarps, Reptilianos, Confederaciones Galácticas, Chemtrails, Bluebeams, Iluminatis y Sociedades del Dragón Blanco, por poner solo algunos ejemplos de entre tantos y tantos centenares de teorías y fabulaciones que infectan la red.

Todas ellas tienen una parte de veracidad y una parte de engaño, tan indistinguibles entre sí que es imposible deducir dónde comienza la fantasía y dónde la realidad.

Es necesario analizar cuáles son las características principales de estas teorías que inundan Internet, con el fin de intentar deducir cuáles son sus mecanismos de funcionamiento.
Una de las características más destacables de estas teorías es su carácter casi cinematográfico. Todas ellas están cargadas de misterio y emoción, de oscuros secretos, fantasía y ciertas pizcas de aventura en la que podemos vernos inmersos en cualquier momento. En todas ellas hallamos siempre un cierto tono épico, de lucha entre el bien y el mal absolutos, al más puro estilo del entretenimiento hollywoodiense.

Y para otorgarles cuerpo y profundidad, vienen siempre acompañadas de montañas de información al respecto, creíble, bien estructurada y con multitud de personajes y escenarios.
Se trata de auténticos proyectos de manipulación transmedia, en los que a veces hasta parece intuirse la mano de un guionista profesional.
También encontraremos en ellas elementos de puro marketing publicitario. ¿O es que acaso el ojo en la cúspide de la pirámide no parece un concepto creado por un publicista?
Prácticamente se ha convertido en una imagen corporativa, al más puro estilo de un logo de marca comercial. De hecho, para mucha gente se ha convertido en una suerte de “imagen corporativa del mal”, asociada además a un nombre fácilmente recordable y reproducible: los Iluminati, una sociedad secreta desaparecida aparentemente hace más de 200 años y que por lo tanto puede utilizarse a voluntad del guionista como un espectro amenazante que aceche desde cualquier rincón.
Aquí no se pretende discutir acerca de la veracidad o no de las teorías conspirativas, sino que tan solo se analizan las características narrativas y publicitarias con las que son presentadas.
Pues lo cierto es que se trata de teorías con nombres y logos fácilmente recordables e identificables, como los de cualquier marca comercial que se precie. Algo que debería resultarnos bastante sospechoso cuando hablamos de sociedades ultrasecretas que pretenden apoderarse del mundo.
Y es que incluso conocemos públicamente el atractivo nombre de algunos de los organismos de control utilizados: Club de Roma, Club Bilderberg, Council of Foreign Relations, Bohemian Club, Skull and Bones…
No se trata precisamente de instituciones secretas de cuya existencia se pueda dudar. Se reúnen ante nuestras narices y se ríen literalmente en nuestras caras, como hacen con las frecuentes reuniones del Club Bilderberg,
Y todos deberíamos preguntarnos por qué razón estas élites, foco central de la mayoría de estas teorías conspirativas, actúan con tanto descaro y cinismo. Sin apenas esconderse. Y la respuesta no puede ser más desalentadora.
Porque lo más triste en estos momentos es que las teorías de la conspiración y el pensamiento alternativo se han convertido, por mucho que nos pese, en un producto de consumo más, completamente digerido y asimilado por la implacable maquinaria del sistema, como lo es cualquier entretenimiento televisivo, cinematográfico o literario.
Así, cualquier denuncia, noticia o reflexión que se publique, por dura y demoledora que pueda parecer, es consumida y olvidada en unas horas, como lo es un partido de fútbol o la noticia sobre un huracán devastador en la otra punta del mundo.
Así pues, llegados a este estado mental de la población, los conspiradores, aunque solo lo sean presuntamente, no tienen ninguna necesidad de ocultarse, pues inconscientemente son percibidos por la ciudadanía como personajes de una ficción cinematográfica, a pesar de que sus argumentos sean muy reales y tangibles.
Pero lo cierto es que la mayoría de personas que dan aliento y difusión a estas informaciones y teorías conspirativas, lo hacen de corazón, convencidas de que luchan por la verdad y la justicia.
Esta sociedad convierte la vida humana en una cadena perpetua de convenciones sociales sin sentido ni sustancia, donde todos estamos programados para formar familias, producir, consumir y pagar hipotecas hasta el día de nuestra muerte, en que somos retirados de la cadena de producción como piezas inservibles.
Ese vacío existencial al que nos aboca el Sistema, despierta en muchas personas la necesidad de buscarle un sentido nuevo a su vida. La necesidad de encontrar una misión trascendente que cumplir.
Y es aprovechando este anhelo, muchas veces desesperado, que estas teorías, por muy descabelladas que sean, consiguen infiltrarse en la mente de los individuos.
Surge a necesidad de huir de la programación mental del sistema, de la esclavitud de esa vida programada y pre-fabricada por la sociedad que nos oprime a todos como individuos.
Una vez cruzado ese umbral psicológico del descubrimiento de lo secreto y lo oculto, entran en juego el orgullo y la vanidad, esos gusanos que todos albergamos en nuestro interior y que jamás descansan.
Porque una vez hemos escalado el muro y nos hemos asomado al otro lado, es cuando echamos la vista atrás y vemos a nuestros pies a la masa sumisa y ciega, que como un rebaño sigue el camino que le han dictado.
Y entonces es cuando muchos se sienten superiores a los demás y se califican de “despiertos”, de “avanzados” dentro del género humano, casi como si fueran los líderes de un nuevo mundo.
Y es aquí, justo en este momento, cuando se cae definitivamente en la trampa. El momento en que nos convertimos en seres fácilmente manipulables.
Ese orgullo nos impedirá aceptar que, a pesar de haber escalado el muro, hemos sido engañados y solo estamos viendo un decorado.
Mecanismos sutiles que juegan con nuestro ego, con nuestro orgullo y con nuestra soberbia.
Pura vanidad. Un demonio tan antiguo como nuestra mente y tan efectivo como siempre lo ha sido. Esta vez al servicio de la mentira y la manipulación.
El objetivo es hacer quedar a aquellos que creen en las teorías de conspiración y que las difunden, aquellos que escalan el muro, como a unos locos paranoicos que no saben lo que dicen y que solo creen en fantasías, mentiras y fabulaciones, con el fin de impedir que nadie más intente trepar por el muro y ante todo, que los que lo han hecho bajen de él decepcionados, confundidos y humillados, para que nunca más vuelvan a intentarlo.
Los que quieren ver más allá estan atrapados entre, por un lado, la fala “versión oficial” de los grandes medios, con sus servidores que tildan de paranoicos y por el otro, por un enjambre de teorías inventadas y fantásticas, creadas y controladas por no se sabe quién y desde no se sabe dónde.
Teorías promovidas por un nutrido grupo de desinformadores profesionales y sustentadas por una auténtica legión de desinformadores involuntarios que colaboran en la expansión por la red de estas teorías.
Y es que estamos sufriendo una devastadora ofensiva a nivel psíquico.
A la mayoría de la población la mantienen dormida, anestesiada y dominada a través de los medios de comunicación masivos.
Y a la gente que busca respuestas alternativas, consiguen manipularla a través del caos informativo inherente al propio Internet. La sobreinformación.
Y es que quizás no deberíamos perder tanto tiempo intentando escalar el muro para ver lo que hay al otro lado. Quizás deberíamos centrar todas nuestras energías en derribarlo hasta que no quede piedra sobre piedra, hasta que quede reducido a polvo.

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