! PARA QUE APRENDA MÁS ! Irma Grese, "La Perra de Belsen". Hermosa, rubia de ojos azules, pero una de las más despiadadas criminales de Guerra

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LA PERRA DE BELSEN...


Irma Grese: hermosa, rubia de ojos azules, pero una de las más despiadadas criminales de Guerra, no por nada apodada
la Bella Bestia o la Perra de Belsen.

Irma Grese fue una joven alemana, fanática del nazismo, que desarrolló un sadismo brutal en los campos de concentración donde trabajó.
Irma, nacida en Wrechen, Alemania en 1923, rubia, guapa y con los ojos azules, demostró desde muy pequeña todo su fanatismo al Partido Nazi.

Con 15 años era ya miembro de la Liga de Muchachas Alemanas, la versión femenina de la Juventudes Hitlerianas.

Con 18 años se enroló en las SS y se presenta voluntaria como vigilante en el campo de concentración de Ravensbrück, la academia de formación de las SS. Lo que provocó la ira de su padre, que era abiertamente antinazi, ella, sin que pareciera dolerle mucho, lo denunció y este acabó en la cárcel.

En 1943 llegó como Guardia Femenina de las SS al Campo de Auschwitz, y a base de fanatismo y un auténtico sadismo en menos de un año era ya supervisora, la segunda mujer con el rango más alto, tras María Mandel (otra auténtica asesina sadica), llegando a hacerse cargo de 30.000 mujeres judías. Gracias al sadismo que demostró se hizo muy amiga del Doctor Mengele, el Ángel de la Muerte.

Después de Auschwitz volvió a Ravensbrück y más tarde al campo de Bergen-Belsen.

En todos los campos sembró el terror, más allá de lo imaginable para unos prisioneros que casi sin esperanzas. Fue ganando apodos terribles allá por donde pasaba.

Cuentan de ella que siempre salía a las guardias completamente arreglada, con el pelo perfecto, botas de equitación siempre impecables, con una fusta en la mano y una pistola al cinturón. Esta imagen ha pasado al imaginario popular como la típica de una dominatrix, pero ella traspasó cualquier barrera.

Le encantaba seleccionar personalmente a las mujeres que iban a ser gaseadas, a las que aprovechaba para torturar un poco antes de llevarlas a su muerte.

Paseaba con grupos de perros, a los que casi no alimentaba, y los que azuzaba contras las prisioneras que le parecía que aún conservaban algo de belleza.

También disfrutaba fustigando los pechos de las prisioneras hasta hacerles heridas que se les terminaban infectando. Pero no hacía ascos a golpearlas tampoco con sus puños, arrastrándolas por el suelo hasta dejarlas completamente magulladas.

Pero como todo eso no era suficiente, se dedicaba a organizar orgías con hombres y mujeres y también con prisioneras, que después de agredirlas y torturarlas las mandaba a los hornos de cremación.

Incluso se cuenta que tenía tres lámparas en su habitación, hechas con la piel de tres prisioneras judías, despellejadas por ella misma.

Aunque no se sabe a ciencia cierta cuánta gente llegó a matar, se cree que incluso podrían llegar a rondar las 30 víctimas diarias.

En 1945, con la guerra casi finalizada, fue apresada por los británicos. Ni siquiera, sabiendo ya que los aliados se acercaban, cambió de carácter o intentó escapar, se quedó en el campo, torturando.

Fue juzgada en los Juicios de Bergen-Belsen, unos juicios paralelos a los de Nuremberg, donde se juzgó a los principales responsables de la administración de algunos campos de concentración. Se le declaró, como culpable de crímenes contra la humanidad y condenada a la horca. Durante el juicio nunca renegó del ideario nazi y cantaba canciones de las SS en su celda.

Con sólo 22 años, la mujer más joven ejecutada por los británicos en el siglo XX, fue colgada en la prisión de Hamelín, Alemania.

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