! TABLAZO A LOS MEDIOCRES ! ¿Por qué las personas no se alegran del éxito ajeno?

12:13
Por David Mateo Sánchez


Puede que sea por envidia, pero cada vez es más común condenar el talento y éxito ajeno, en cualquier red social encontramos cientos de comentarios críticos hacia otra persona, comentarios tóxicos que no tienen un fondo constructivo.

El anonimato de internet está dando unas facilidades muy notorias al ser humano para mostrar su peor parte. Cuando a alguien le va bien es algo comúnmente aceptado que tendrá haters, se acepta que tendrá gente detrás criticando absolutamente todo lo que haga sin ningún tipo de fundamento ¿Por qué?

‘’La envidia paraliza el progreso por el miedo que genera no encajar con la opinión de la mayoría’’

¿Qué beneficios saca esa persona criticando, insultando o menospreciando el trabajo de los demás?

¿Tan raro es alegrarse del éxito ajeno? Obviamente que estás en tu derecho de criticar si algo no te gusta, pero desde una perspectiva constructiva, intentando aportar una mejoría al trabajo de esa persona o si se detecta algún fallo. De todas formas, vivimos en una sociedad dónde hay un gran abanico de oportunidades de entretenimiento, por ejemplo, si sabes que un determinado artista o youtuber no te gusta ¿Qué ganas criticándolo de forma constante? ¿No sería mejor invertir ese tiempo consumiendo el tipo de contenido de entretenimiento que SI te gusta?

El éxito de otra persona no te quita nada a ti, al contrario es una prueba de que puedes conseguir tus metas.

‘’Uno de los mayores temores del ser humano es diferenciarse del resto y no ser aceptado’’

Las personas que logran tener éxito son personas que se han arriesgado a diferenciarse, se han arriesgado a ser criticados, a no ser aceptados o a fracasar en sus metas. Pero esas personas que tienen éxito son las que logran los grandes avances de la sociedad, las que crean las mejores empresas, las que hacen los mejores descubrimientos, las que crean el mejor arte e incluso las que consiguen hacerse un hueco en el mundo del entretenimiento.

Me gustaría compartiros un experimento muy interesante relacionado con todo este tema, el experimento de Asch. (https://es.wikipedia.org/wiki/Experimento_de_Asch)

‘’ Se reunía a un grupo de 7 a 9 estudiantes en un aula y el experimentador indicaba que el experimento consistiría en comparar pares de líneas. Se les mostrarían dos tarjetas, en una aparecería una línea vertical y en las otras tres líneas verticales de distinta longitud. Los participantes deberían entonces indicar cuál de las tres líneas en la segunda tarjeta tenía la misma longitud que el estándar de la primera.

Del grupo de participantes, todos excepto uno eran en realidad cómplices del investigador, siendo el restante (sujeto crítico) el foco del experimento, al cual se le colocó en la posición de tener que dar su respuesta después de haber escuchado la mayoría de las respuestas de los demás. El experimento consistía en realizar 18 comparaciones de tarjetas teniendo los cómplices la instrucción de dar una respuesta incorrecta en 12 de ellas.

En las dos primeras tanto los cómplices como el sujeto crítico respondieron de forma unánime la respuesta correcta. Sin embargo, a partir de la tercera prueba, los cómplices indican intencionalmente una respuesta incorrecta. En ésta, el sujeto da la respuesta correcta al final, mostrándose sorprendido por las respuestas previas (e incorrectas) de los cómplices. En la prueba siguiente la situación se repite: los cómplices dan de forma unánime una respuesta incorrecta y el sujeto crítico disiente dando la respuesta correcta pero mostrando un desconcierto mayor. Al repetirse la situación, el sujeto crítico eventualmente cede a la presión de grupo e indica también una respuesta incorrecta.

El experimento se repitió con 123 distintos participantes. Se encontró que aunque en circunstancias normales los participantes daban una respuesta errónea el 1% de las veces, la presencia de la presión de grupo causaba que los participantes se dejaran llevar por la opción incorrecta el 36.8% de las veces.

Aunque la mayoría de los sujetos contestaron acertadamente, muchos demostraron un malestar extremo y una proporción elevada de ellos (33%) se conformó con el punto de vista mayoritario de los otros cuando había al menos tres cómplices presentes, incluso aunque la mayoría dijera que dos líneas con varios centímetros de longitud de diferencia eran iguales. Cuando los cómplices no emitían un juicio unánime era más probable que el sujeto disintiera que cuando estaban todos de acuerdo. Los sujetos que no estaban expuestos a la opinión de la mayoría no tenían ningún problema en dar la respuesta correcta’’.

Y tal y cómo analiza El País https://elpais.com/elpais/2013/05/17/eps/1368793042_628150.html Os animo a leer la segunda parte de este artículo donde reflexiona sobre todo este tema ¡No tiene desperdicio!

‘’Más allá de este famoso experimento, en la jerga del desarrollo personal se dice que padecemos el síndrome de Solomon cuando tomamos decisiones o adoptamos comportamientos para evitar sobresalir, destacar o brillar en un grupo social determinado. Y también cuando nos boicoteamos para no salir del camino trillado por el que transita la mayoría. De forma inconsciente, muchos tememos llamar la atención en exceso –e incluso triunfar– por miedo a que nuestras virtudes y nuestros logros ofendan a los demás. Esta es la razón por la que en general sentimos un pánico atroz a hablar en público. No en vano, por unos instantes nos convertimos en el centro de atención. Y al exponernos abiertamente, quedamos a merced de lo que la gente pueda pensar de nosotros, dejándonos en una posición de vulnerabilidad. El síndrome de Solomon pone de manifiesto el lado oscuro de nuestra condición humana. Por una parte, revela nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, creyendo que nuestro valor como personas depende de lo mucho o lo poco que la gente nos valore. Y por otra, constata una verdad incómoda: que seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. Aunque nadie hable de ello, en un plano más profundo está mal visto que nos vayan bien las cosas.

Bajo el embrujo de la envidia somos incapaces de alegrarnos de las alegrías ajenas. De forma casi inevitable, estas actúan como un espejo donde solemos ver reflejadas nuestras propias frustraciones’’.

El problema puede ser que las personas que nos rodean están acostumbradas a tratar siempre con un modelo de vida fijo y cuando alguien está evolucionando y sufriendo cambios o iniciando acciones para conseguirlos, encontrará críticas y desaprobaciones a su alrededor.

· Cuándo alguien empieza una dieta o empieza a ir al gimnasio, por ejemplo, encontrará críticas, burlas y comentarios negativos.

· Cuándo en clase de inglés de pequeños tocaba leer, el que recibía risas de los compañeros era el que leía bien.

· Cuándo alguien abre un nuevo negocio recibirá comentarios diciendo que eso no tiene futuro.

¿Por qué? Porque esa persona está fuera de los moldes de la sociedad, porque esa persona está intentando mejorar su posición actual, porque tiene talento o porque se está arriesgando para conseguir el éxito. Únicamente son 3 ejemplos que me han venido a la cabeza pero párate a analizar durante los próximos días toda la envidia que ves en tu vida diaria, todos los comentarios negativos hacia el trabajo, el éxito, las acciones o el talento de otra persona, seguro que te sorprendes.

Y hasta aquí esta pequeña reflexión que os quería compartir, he tocado muchos palos pero espero que se haya entendido el mensaje que quería transmitir.

¡Nos leemos pronto!

”La envidia muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.” Arthur Schopenhauer

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