! PARA APRENDER MAS ! El Senado de la antigua Roma.

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Fuente: historias web.con



El Senado (Senes, que significaba «consejo de ancianos») era el segundo pilar que sustentaba la estructura política de la Roma republicana. Básicamente, era un consejo supremo destinado a servir de asesoramiento a los magistrados. En él no se legislaba, pero sí se emitían los llamados senatus consulta, unas relaciones muy influyentes entre los magistrados que podían ser vetadas por los tribunos.

Aunque era una institución que ya existía en tiempos de la Monarquía Romana, es durante la República cuando se convirtió en un verdadero instrumento de poderEl nombramiento como senador era vitalicio y hereditario, y requería de tener una considerable fortuna. Para distinguirse del resto de la sociedad, los senadores vestían una túnica orlada con una franja ancha de púrpura, sandalias doradas y anillo de oro.

Las reuniones del Senado tenían lugar en recintos sagrados y privados, y estaban presididas por el senador de mayor edad. Los magistrados que tenían el poder de convocar al Senado (cónsules, pretores y tribunos de la plebe) contaban con la autoridad para que sus propuestas fueran evaluadas. Normalmente, en las sesiones del Senado era una minoría selecta la que participaba en los debates, mientras que la mayoría intervenía poco y se limitaba a aceptar o rechazar las propuestas según sus intereses.

Composición del Senado romano

Al principio de la República, sus 300 miembros, todos de origen patricio, eran elegidos por los cónsules de entre los antiguos altos magistrados y las personas que sobresalieran por sus talentos o su posición social. En el año 318 a.C., con la aprobación de la Lex Ovinia, la función de confeccionar la lista de miembros del Senado romano pasó a ser parte de la magistratura de la censura. De este modo su composición se basaba en antiguos magistrados superiores y en otras personas de reconocido prestigio, aunque no hubieran ejercido magistraturas.

No obstante, a partir de finales del siglo III a.C. fueron incluidas no solo las magistraturas superiores, sino también los ediles curiles, los tribunos de la plebe y los ediles plebeyos (finales del siglo II a.C.). Además, Lucio Cornelio Sila admitió en el Senado a los cuestores en el 81 a.C., lo que convirtió al Senado en una asamblea de ex magistrados. Otra de las reformas de este famoso dictador tuvo que ver con el número de senadores, que pasó de 300 a 600. En este mismo sentido, poco después fue el también dictador Julio César quien aumentaría el número de senadores a 900, llegando incluso a 1000 en los últimos años de la República.

Funciones del Senado romano

Si bien en sentido estricto el Senado romano no gobernaba, al tener entre sus funciones el asesoramiento de la actividad de los magistrados sí que intervenía directa o indirectamente en cualquier asunto de interés para la dirección del Estado. Ello abarcaba en la práctica temas de religión, política exterior, finanzas, administración y orden público.

En el ámbito religioso, por ejemplo, era el encargado de proteger los cultos religiosos de la ciudad, de decidir a qué se dedicaban los nuevos templos, de admitir a nuevos dioses o de fijar los días festivos. En lo que respecta a la política exterior, el Senado decidía las operaciones militares a realizar y proporcionaba los medios económicos y humanos necesarios para emprender las mismas. Asimismo, ratificaba los acuerdos que los magistrados estipulaban fuera de Roma y regulaba los diversos aspectos de la diplomacia. En política interna, el Senado tenía la función de gestionar el Tesoro público y los bienes del Estado. En resumidas cuentas, es el Senado en última instancia quien controla que el orden y la paz reinen en la ciudad.


Una sesión ordinaria del Senado romano tenía un funcionamiento estrictamente regulado. El magistrado que había convocado la reunión hacía un discurso ante los senadores para presentar los temas a discutir. De este discurso derivaban las propuestas concretas sobre las que los senadores tenían que dar su opinión en el siguiente orden de preferencias: dictadores, censores, cónsules, pretores, ediles, tribunos y cuestores. A su vez, en la misma categoría los distintos ex magistrados se ordenaban según su edad, de más viejo a más joven.

En la práctica no existían reglas fijas sobre el derecho de hacer uso de la palabra ni sobre el tiempo de las intervenciones de cada senador. Además, ni siquiera era obligatorio que estas intervenciones tuvieran que ceñirse al tema concreto que se estaba debatiendo en ese momento. Aun así, como se ha dicho anteriormente, solo una minoría de los senadores llegaba a hablar, puesto que la mayoría simplemente se limitaba a unirse a la postura ideológica que más le interesara.

Bibliografía

BAKER, S. (2017): Roma: auge y caída de un imperio. Barcelona: Planeta.


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