! POR SI NO LO SABÍAS ! Ser sinceros nos ahorra tiempo: la honestidad como forma de vida.

18:08

«La sinceridad puede ser humilde pero no puede ser servil».

-Lord Byron-

Para practicar la sinceridad con los demás es necesario hacerlo antes con nosotros mismos. Tener claro lo que queremos y lo que no nos ahorrará tiempo, evitando caer en situaciones de elevado desgaste y coste emocional. Así, la honestidad debería ser una forma de vida.

Ser sinceros nos ahorra tiempo e higieniza relaciones. El buen uso de la honestidad y de la integridad con uno mismo donde dejar claro lo que permitimos y lo que no, lo que es correcto y lo que no, facilita esa convivencia sin situaciones incómodas y nada beneficiosas. Ahora bien, lejos de lo que nos pueda parecer, no resulta tan sencillo hacer uso de la sinceridad.
Decía Confucio que la persona que es sincera y dice siempre la verdad tiene ya ha construido el camino hacia el cielo. Sin embargo, admitámoslo, a la mayoría nos han educado para ser correctos en cada circunstancia, para mantener ese cuidado respeto hacia los demás donde, a menudo, hacemos de las pequeñas mentiras nuestras balsas de supervivencia por miedo a ser rechazados o señalados.

 determinadas decisiones aún sabiendo que no son las acertadas, y lo hacemos por no apagar las ilusiones de alguien a quien queremos.

Son múltiples las situaciones que se dan a diario donde aplicamos la media mentira o esa media honestidad que, aún teniendo buenos propósitos, puede traer a la larga situaciones nada beneficiosas. Ser sinceros (pero sin aplicar el sincericidio) debería ser ese engranaje recurrente en nuestro propio ser donde construir una realidad más saludable para todos.

Aplicar la sinceridad con nosotros mismos

Nada puede tener tanta armonía como practicar esa comunicación transparente donde dejar caer corazas, falsedades, miedos y condescendencias. Hay quien se vanagloria de ser siempre correcto y respetuoso, cuando en realidad es un experto en el arte de la hipocresía, es decir, en fingir sentimientos, comportamientos o ideas contrarios a los de verdad.

Abundan los que van el por el mundo desalienados. Los que piensan una cosa y dicen otra, los que sienten una realidad concreta y acaban comportándose de manera contraria. Vivir desafinados en cuanto a pensamientos, deseos, acciones y comunicación genera un gran malestar y puede conducirnos a la larga hacia situaciones de elevada infelicidad.

Estudios, como el llevado cabo en la Universidad del Sur de Dinamarca, por parte del doctor Stephen Rosenbaum, nos lo dejan claro: la honestidad debería ser una norma en nuestra sociedad. Hacer uso de la sinceridad nos ahorra costes de todos los tipos: emocionales, relacionales, laborales, etc. Es un principio de bienestar para nosotros mismos y los demás.







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