! PARA QUE NO SE EQUIVOQUEN ! Periodistas blogueros, ¿los más influyentes?

17:40
Los periodistas blogueros son la fuente de información más fiable.
La sentencia no es mía, es parte de las conclusiones publicadas en el barómetro “El profesional de la información en la era 2.0” elaborado por ANEI, la Asociación Nacional de Empresas de Internet. Según este estudio, tanto los blogueros puros (es decir, que no vienen del mundo de la información) como los periodistas tradicionales coinciden en señalar que los comunicadores mixtos(periodistas que provienen de medios convencionales e incluso aún trabajan en ellos y que además tienen un blog) son los profesionales más influyentes en el panorama mediático actual.
El estudio aporta otros datos interesantes. Más de un 70% del colectivo de periodistas tradicionales piensa que las redes sociales conllevan rumorología y falso periodismo, suponen una pérdida de rigor periodístico, permiten a cualquiera ser editor y la información contenida en ellas no está contrastada. Opinión que solo comparten un 50% de los nuevos blogueros.
¿Ocurre igual en el periodismo de viajes?
Hace ya cuatro años (¡¡ya!!) que abrí este blog y desde entonces día a día, minuto a minuto, mi interés y fascinación por esta herramienta no ha hecho más crecer.Creo que es el medio ideal para narrar viajes y para hacer crítica viajera: permite unir texto, sonido e imagen fija y en movimiento. Es inmediato. Es fresco. Puedes usar forma narrativas y tocar temas que en lo medios tradicionales estarían vedados. Tú eres tu propio redactor jefe y editor, sin tener que pasar por la cadena clásica de un medio tradicional. El contacto con los lectores es personal, inmediato y bidireccional. Y además, si metes la pata o te equivocas… te lo están restregando a los cinco minutos.
Yo no sé si soy más influyente ahora que cuando no escribía este blog. Lo que sí sé es que la interacción con mis lectores ha crecido exponencialmente, que me siento parte de una comunidad de escritores/blogueros/lectores de la que antes no sabía ni su existencia, que tengo al minuto el feedback de si una cosa la estoy haciendo bien o no. Conozco a la mayoría de mis lectores por su nombre o al menos por su nick (antes no sabía ni quién me leía).
Un blog significa compartir, y en ese sentido es mucho más enriquecedor y positivo que el viejo sistema de “yo soy el experto, aquí va mi texto magistral y no quiero saber nada más del tema”. Los lectores opinan, aportan, enriquecen, y tu no puedes aislarte de eso. Y además, he recuperado la ilusión y la alegría por viajar y hacer reportajes que sé que seguro verán la luz, mientras que en los medios clásicos solo un pequeño porcentaje de ellos podrían ser al final publicados.
Ya no podría vivir sin mi blog.
Sí, creo que los periodistas blogueros (y los blogueros que hacen las cosas correctamente, sin necesidad de haber sido antes periodistas) nos hemos ganado un hueco de credibilidad en el panorama mediático y que nuestra opinión y nuestra información se valora, a veces más que la de un medio clásico.
Pero no nos miremos el ombligo. También hay nubes negras en este panorama. Y la principal es que los blogueros de viajes hemos caído en la misma trampa que los periodistas y medios de viajes tradicionales: la falta de independencia económica.
Cuando abrí el blog imaginaba en un futuro cercano una herramienta que me permitiera autofinanciarme y poder ejercer la labor periodística (es decir, una labor crítica, que eso es el periodismo) con total libertad. Pero al final resulta que la misma razón de ser de internet acabará por matarlo: el todo gratis.
Hay cosas en las que el todo gratis puede funcionar, pero en otras no. La información, los contenidos independientes y de calidad, son muy caros de hacer. Y no se pueden dar gratis. Al menos hasta que la publicidad en internet sea una alternativa.

Voy a ser sincero: nadie vive de escribir un blog de viajes en España. Ni va a vivir en los próximos años. Y los blogueros españoles de cualquier tipo que generan ingresos suficientes para pagar sus facturas caben en un taxi.
El problema es que la materia prima con la que trabajamos en mi sector es muy cara: los viajes. Pero un experto en viajes, un bloguero que quiera ser influyente con su blog de viajes tiene que viajar… y mucho. No vale hacer dos o tres viajes al año. Necesitas muchos viajes, mucho archivo y sobre todo y más importante: necesitas muchas experiencias, mucho bagaje, muchas vivencias, muchos malos y buenos ratos viajando para poder ser experto, comparar, valorar y emitir un juicio que le sirva de algo a quien te lee. Si no, ¿para qué quieres escribir un blog? Para decir obviedades ya están la guías impresas.
Pero como casi ningún medio está dispuesto ya a pagar gastos de viaje de ningún tipo (creo que hay una crisis por ahí, al menos eso me han dicho), y la publicidad que genera un blog no da para financiarlo, con demasiada frecuencia nos vemos abocados todos (t-o-d-o-s) a aceptar viajes patrocinados por oficinas de turismo o empresas del sector. Igual que ocurre desde hace mucho tiempo en los medios tradicionales. Pero para hacer lo mismo ¿qué necesidad había de inventar otra herramienta?
Nunca me han puesto una pistola en la cabeza ni me han obligado a firmar que hablaría bien de un destino porque haya viajado invitado. Y dentro de las limitaciones, procuro ser lo más independiente que pueda y si un hotel, un restaurante, un destino o un barco no me gusta no hablo de ello. Pero no hay que ser un lince para concluir que no eres todo lo independiente que deberías ser.
Preferiría que no fuera así. Pero he de ser sincero y decirlo. Creo que la culpa no es del comunicador (ya sea bloguero, periodista o mixto) sino de un sistema en el que los medios de comunicación se han convertido en empresas que cotizan en bolsa y su objetivo es ganar dinero, no ser libres e independientes.
Y luego está la cultura del “todo gratis”.
Quizá alguien que lea esto se sienta indignado y diga: “¡Qué vendidos son estos blogueros!”. Le preguntaría se estaría dispuesto a pagar una pequeña cantidad por leer blogs de calidad. Si lo está, ¡eureka!, hemos encontrado la fórmula mágica.
Pero mientras tanto, mientras exijamos leerlo todo gratis (y escucharlo y verlo y tenerlo) no veo muchas razones morales para criticar la forma en que otros intenta conseguir una información lo más independiente y veraz posible para que luego tú la consumas si pagar un euro. Así están las cosas.
Y vosotros ¿creéis que los blogs de viajes son influyentes? ¿cuentan cosas que no se contaban en una revista tradicional?

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